Anciana Piadosa ANCIANA PIADOSA (pero no boluda)
Se muere, y va directamente al Cielo, Eduviges, viejita piadosa del barrio de la Medalla Milagrosa.
Regocijado, la recibe San Pedro quien le informa que se quedará en el cielo hasta el Día del Juicio, dado que el Señor lo ha decidido, en función de su solidaridad y su consecuencia con los sacramentos y vida piadosa.
Mientras San Pablo le relata el Reglamento del Cielo, Eduviges escucha uno gritos espantosos provenientes del interior del Cielo. Preguntado San Pablo por ella misma, le responde “Eduviges, piadosa hermana, están procediendo a operar a un buen hermano, que ha arribado esta mañana, para poder colocarle las alas de ángel. Tu sabes que los ángeles tienen alas, y se necesitan aberturas para colocarlas”.
Continuó luego San Pablo con la burocracia de los formularios para ingresar al Cielo, y también para entrevistar, protocolarmente, al Señor Dios.
Eduviges seguía aguardando, sentada, el momento en que tendría que firmar cuando, nuevamente, desde alguna otra parte del Cielo, se dejaron oír otros alaridos escalofriantes que hicieron que su espíritu se estrujase de terror. San Pablo, esta vez, no esperó la pregunta. Sencillamente, comentó al pasar “Estos perforadores…Pero deben hacer su trabajo. Todos debemos llevar una aureola, y debe colocarse en los huecos que se perforan en la cabeza, para sujetarla.”
Entonce, presta, Eduviges se levantó de la silla y, resuelta, se dirigió a San Pablo “Misericordioso Pablo, he decidido que permaneceré en el Infierno toda la eternidad. Haz el bien de enviarme con el Diablo”. San Pablo, anonadado, le advirtió “Pero mujer, ¿cómo pides eso?. Allí serás abusada y violada, sin piedad, por toda la eternidad”. “Puede ser”, contestó la piadosa Eduviges, “pero los agujeros ya los tengo hechos.”
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