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#1 (Link directo)
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| Este es un homenaje a todos los atorrantes: El atorrante, cuando se descuida, tiene la mirada triste. El atorrante se agarra grandes metejones y después no sabe que hacer. Cuando al atorrante se le muere el amor de su vida, se guarda para llorar con recato varonil, y después no le anda contando a todo el mundo que muchas mañanas toma mate con la finada, y que ha llegado a bailar un bolero con ella en algún atardecer sin consuelo. El atorrante tiene la certeza de que es una especie en extinción. Mucho no le preocupa. Todos los hombres lo somos. El atorrante es leal con sus amigos hasta la muerte. Se los lleva a vivir con él cuando las esposas los hechan de la casa. Les presenta minas cuando se quedan solos. Los amigos del atorrante son tambien atorrantes que entienden de emociones parcas y de amores no confesados. El atorrante suele tener al lado señoritas de vida alegre, o sea, melancólicas como él, que acostumbran mirarlo con inevitable ternura después del tercer Whisky. Y lo bueno es que ellas no piden nada a cambio, tan sólo algo de guita, alguna vez. Esas señoritas, las "atorrantas del atorrante", saben estar al lado de un hombre, ilusionándolo, prometiendo no decirle nunca toda la verdad, porque toda la verdad seria tan insoportable como la luz del día entrando al piringundín adonde se ha estado mintiendo toda la noche. Ellas saben que una cualidad imprescindible para que el atorrante no se piante, es no estarle todo el tiempo encima, para eso están las esposas, y así les va. Las atorrantas del atorrante han aprendido a retirarse a tiempo, porque el atorrante a veces quiere estar solo, para defenderse del miedo que le da haberse descubierto enamorado, o para morirse como los elefantes, sin que nadie lo ande mirando. El atorrante sabe que la última pilcha de la fiesta es el "sobretodo de madera", de esa certeza suele consolarse juntándose con esos amigos de lealtad silenciosa y eterna, con esas amigas casquivanas que jamás lo traicionarán exigiéndole promesas a futuro, porque para el atorrante, el futuro es tan improbable como las promesas de un político, el atorrante sabe, aunque no ande escribiendo por ahí, que estamos aquí para nada, simplemente para vivir, que todos los objetivos y metas por las cuales somos capaces de matar y morir son un formidable malentendido que nos hace perder mucho tiempo. Para el atorrante, esa luz que algunos dicen veremos al morir, no es otra que la luz del día cuando entra en la habitación interrumpiendo los sueños, esos sueños de fiestas interminables. Para el atorrante, amanecer es morir todos los días un poco. Y tiene razón... Extraido de una vieja revista TXT, saludos para todos el che vive
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