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Tema: los misterios de la antartida

  1. #1
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    Predeterminado los misterios de la antartida

    LOS MISTERIOS DE LA ANTÁRTIDA



    Existe en muchas culturas un mito que cuenta y no termina las excelencias de aquellas islas que hoy están recubiertas con una coraza de hielos de cientos y en ocasiones miles de metros de espesor y que llamamos la Antártida. Pudo ser un conjunto de islas de clima templado, de exuberante vegetación, donde la vida animal, y la humana también, por supuesto, fue un regalo. Hubo una civilización basada en la agricultura, pero con una avanzada técnica. Seguramente, bajo los hielos impenetrables se esconden los campos de cultivo, los templos y las ciudades, sorprendidos en la fantasmagórica instantánea de un cataclismo total, un cambio del eje de la Tierra, por ejemplo, que hizo desplazarse los polos y situó la Antártida en otro lugar del globo, obviamente menos privilegiado: donde ahora se encuentra. Este relato parece extraído de una novela, pero, quizá no sea tan fantástico como aparenta a simple vista.



    Los sondeos realizados en los últimos años por geógrafos y geólogos han puesto de manifiesto que el contorno de las tierras antárticas es distinto al contorno de la masa de hielos que lo cubre; que el hielo ha ocupado mucha más extensión, y en la actualidad podríamos considerarla como un sombrero desmesuradamente grande sobre la verdadera tierra firme.

    También los ríos, montañas y demás accidentes geográficos, representados en los misteriosos mapas primitivos, están siendo confirmados en su existencia por las técnicas modernas de exploración. De estas realidades comprobadas hemos de deducir que, en efecto, el clima antártico no fue como es; ni su situación geográfica la que hoy guarda con respecto a los polos magnéticos de la Tierra.



    Luego debió, o por lo menos pudo ser, un continente habitado hace miles de años. Es una lástima que los estudios realizados allí no supongan todavía un bagaje suficiente para permitirnos una visión de conjunto completa. Por ahora sólo contamos con informaciones parciales, muy parciales, que aunque concuerdan de una manera asombrosa con los mapas y relatos antiguos, nos remiten a ellos inexorablemente, sin la posibilidad de un refrendo de la tecnología actual.



    La primera expedición científica, perfectamente pertrechada de medios y de hombres, que estableció sus observatorios en los suelos helados de la Antártida, muchos cientos de kilómetros en el interior, fue la dirigida por el capitán Ritscher, y que exploró el continente durante los años 1938 y 39. Era una expedición alemana por sus componentes y por su financiación, y fue conocida por el nombre de "Schwahenland".



    Penetraron en línea recta en dirección al mismo polo Sur, partiendo del "gran muro helado" que supone la enorme barrera de hielos de un iceberg de kilómetros, desde la longitud O hacia el Este y hacia el Oeste a lo largo del paralelo 70. Los pilotos sobrevolaron en varios de sus diversos viajes de exploración una región cercana al polo, en pleno corazón antártico, que fue descrita como llena de ondulaciones, sin rastro siquiera de hielos y poblada de lagos. Los informes de la expedición "Schwahenland" fueron acogidos con cierto estupor: ¿Una zona sin hielos y con lagos dentro de la inmensidad helada, casi en el mismo polo?



    No resultaba lógico que el proceso normal de endurecimiento del clima, conforme se avanza desde los márgenes antárticos hacia el centro, se viera interrumpido y sufriera una regresión hasta convertirse en un clima lo suficientemente templado para permitir la existencia de lagos líquidos y colinas erosionadas, cubiertas de verdor.



    Por fuerza allí debía hacer todavía más frío que en las regiones marginales. Pero la seriedad de un equipo de científicos tan prestigioso prevaleció sobre toda duda. Había que admitir aquella "absurda" realidad, esperando una confirmación.



    Confirmación que tardó ocho años en llegar, pero que llegó, avalada de suficiente documentación y testimonios como para que no se discutiera. La expedición mandada por el norteamericano almirante Byrd, en el año 1947 y 48, bautizó el lugar con el nombre tan sugestivo de "Jardín de la tierra de la Reina María". Los aviadores de Byrd, pilotando aviones adecuados a la misión que tenían encomendada, sobrevolaron sistemáticamente el misterioso rincón y observaron con detenimiento las colinas cubiertas de coniferas, las manchas de musgo, anchas, diseminadas por doquier, y nada menos que 23 lagos de diferentes tamaños. j



    Los hidroaviones se posaron sobre las aguas de los tres lagos mayores, los cuales, desde las alturas, aparecían coloreados de verde, rojo o azul. No hacía frío, sino más bien lo contrario. Los exploradores introdujeron sus manos en las aguas tranquilas y las removieron. Ofrecían una temperatura agradabilísima, templada. El fondo estaba cubierto por espesas alfombras de algas microscópicas, que eran las que proporcionaban los bellos reflejos coloreados. Aguas tibias en pleno polo sur, entre miles de kilómetros de hielos espesísimos.



    Cuando la expedición de Byrd hizo públicas sus investigaciones, se planteó el estudio de las causas de aquel microclima tan peculiar. Y hubo hipótesis para conformar a todos. Unos achacaron el fenómeno a restos de vulcanismo. Otros dijeron que las temperaturas cálidas eran producto de la radiactividad.



    Hubo incluso quienes propusieron como solución una intervención intencionada de los extraterrestres, entre otras lucubraciones menos dignas de mencionar.



    La hipótesis vulcanista fue desechada de inmediato, pues los estudios de las expediciones, que ya se habían llevado a cabo, coincidieron en que no existían en la Antártida restos de vulcanismo. A los partidarios de un complejo turístico de nuestros hermanos del Cosmos no se les hizo mucho caso, pero cobró valor la explicación de la templanza por causa de la radiactividad, pues los detectores de uranio se habían conmovido durante las exploraciones en muchas ocasiones.



    La radiactividad podía ser admitida como causa, sin embargo, había que demostrarlo. De todas formas, el almirante Richard Byrd fue, con su expedición, quien más datos aportó y quien abrió las puertas atractivas del enigma antártico a los futuros estudiosos. Muerto en Bostón, en el año 1957, es una figura casi mítica en el fantástico libro de los navegantes y descubridores.



    Unos años más tarde, en el año 1958, Año Geofísico Internacional, científicos de 11 países montaron en el interior de la Antártida 33 campamentos e instalaron 60 estaciones de investigación, repartidas por todo el continente, siguiendo las indicaciones y sugestiones de las expediciones de Ritscher y Byrd. La participación de los Estados Unidos y Rusia debe contarse entre las más notables por número de miembros y calidad.



    Se confirmaron los descubrimientos de las expediciones anteriores y se encontraron "áreas oscuras" en la superficie de los hielos, como si la gran masa helada ocultara en su interior muros ciclópeos, relieves regulares que recordaban edificios.



    Eran, a juicio de los expertos, figuras geométricas demasiado regulares para que fueran obra de la Naturaleza.



    Las conclusiones más significativas que pueden extraerse de los datos suministrados por las expediciones que exploraron la Antártida se resumen en un pequeño grupo de consideraciones, espectaculares casi todas:



    El espesor de la capa de hielos que cubre el continente oscila entre unos pocos cientos de metros y los 3.000, llegándose en determinados lugares a los 4.000 metros.



    Las masas heladas no permanecen estáticas, se desplazan de forma regular y continua hacia las aguas de los océanos circundantes. Esta circunstancia dificulta extraordinariamente el estudio del verdadero relieve terrestre y lo que en él se halle natural o fabricado.



    Se han encontrado fósiles de helechos gigantes que nos inducen a pensar en un clima al menos subtropical hace miles de años, y extensos yacimientos carboníferos, alguno de ellos suficiente para abastecer al planeta entero de carbón durante mucho tiempo.



    El subsuelo contiene una riqueza considerable en oro, grafito, molibdeno, cromo, petróleo y uranio.

    La atmósfera es más cálida cuanto más cerca del polo y presenta una densidad un 50 % inferior a las demás zonas del globo terrestre.



    La fauna es inmune a las bacterias y el aire es absolutamente aséptico, a causa de unos microorganismos genuinos y exclusivos de allí.






    FUENTE:.

  2. #2
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    septiembre-2006
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    Predeterminado

    mira vos che no habia escuchado estos mitos, igualmente puede que la antardida sea un resago de la era del hielo, por que no? muy buena info che

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