| Blancos copos de nieve caían sobre una acera poco cuidada, en una ciudad a la que nadie le importa ya el nombre. Sobre el sucio asfalto muchos rostros anónimos caminaban mientras miraban con indiferencia a su alrededor, pero sobre todo a un anciano señor que reposaba en el suelo, cobijándose del frío en un portal. Un letrero: “Por favor algo para comer” escrito con tinta deleble y borrosa por las gotas de lluvia caídas de antes. Un escabroso gorro le cubría sus canosas melenas que se movían con... |