| Mientras tanto en Buenos Aires, Andrés estaba mas que ansioso, cada vez que volvía de alguno de sus cursos preguntaba disimuladamente si la familia Nogueras (así se apellidaba la familia de Roció) había pasado por el lugar, a lo que no encontraba respuesta satisfactoria, ya comenzaba a perder las esperanzas de volver a verla, se lo podía ver cabizbajo y meditabundo andando con su cabeza fuera de si, pensando por que jamás se animo a hablarle, pensando por que no regreso tampoco este año, pensando en que haría si la veía entrar, de pronto una sonrisa se dibujo en su rostro recordando la sonrisa de Roció, recordando cada vez que la escuchaba hablar, irrumpió en carcajadas silenciosas cuando recordó un momento en que Roció se mancho el vestido comiendo helado, cosa que a Andrés le resulto cómica y tierna a la vez, sin darse cuanta, exclamo:
-¡aun con su vestido manchado seguía luciendo hermosa!
Justo en ese momento pasaba por detrás el padre de Andrés, a lo que asombrado, pregunto:
-¿Qué decís? ¿De quien hablas?
-¡he! No, no nada.
-¡ah bueno! Ahora hablas solo, ¡de quien te estabas acordando!
A lo único que atino Andrés fue a demostrar una sonrisa nerviosa la cual dejo entrever que no quería hablar del tema…
En fin, después de tanta espera, una tarde de enero, al llegar de uno de sus cursos la vio sentada en la misma mesa que la familia Nogueras ocupaba y reservaba cada vez que decidía asistir al lugar.
Al verla en esa mesa sentada se le lleno el rostro de felicidad. Se encamino directo a la mesa, pero justo antes de llegar…
¿Que habrá pasado antes de llegar a la mesa?
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Antes de llegar a la mesa justo unos metros antes, se encontró con la mirada de Roció, que también lo miraba con alegría e ilusión.
Ambos quedaron inmóviles mirándose uno a otro durante varios minutos, nada importaba, nada los rodeaba, los ruidos, las palabras, la gente que ocupaba el restaurante había desaparecido, solo ellos dos estaban allí, mirándose, sonriéndose, descubriendo uno en la mirada del otro, que se habían estado esperando, que cada día antes de ese día fue de espera, dudas e incertidumbres encontrarían su respuesta, solo estaban ellos allí y nada de lo que alrededor ocurriera podía importar, este momento, este instante, estos minutos en que quedaron así, como sostenidos en el tiempo, este momento parecía no acabar, como si sus corazones hubiesen tomado la decisión de tomar la iniciativa a la vez. Ambos se acercaron a la vez entre si, sus miradas ya lo habían dicho todo, parecía que no hacia falta aclarar ni preguntar nada.
De esta manera caminaron hasta la vereda a ocupar una de las mesas de allí para poder hablar a solas.
Pero de que hablarían si tanto tenían para decir y no sabían por donde comenzar…
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