| |
Mi última entrada del Blog: | | | |
En la soledad de mi cama A veces, por la noches, en la soledad de mi enorme cama, vuelvo la cara y te veo allí, con tu mirada descansando en mi…
Tomo tu rostro entre mis manos y trato de retener ese momento eternamente, pero, ¿Dónde comienza la eternidad? Acaso en el instante en que te siento temblando a mi lado, o tal vez en ese fugaz segundo robado al reloj implacable del tiempo en que tu aliento y el mío se funden en una profunda exhalación en la cual dejamos salir el alma y cada cual atrapa la del otro haciéndola propia. Tu alma y la mía entrelazadas, tan estrechamente unidas que simulan una sola y hasta los ángeles que nos rodean acariciándonos con sus alas se confunden y crean para nosotros la más bella de las melodías, esa que tan sólo nosotros podemos oír, porque a nosotros está dedicada.
Más tarde, cuando me voy viajera, por el camino de los sueños, tu mano me alcanza y te unís a mí en mi derrotero.
Y así fue como esa tarde de invierno, caminamos largo rato por la orilla del río, ese que a fuerza de visitarlo, ya es tuyo y mío. Nos sentamos sobre la hierba seca por las heladas nocturnas y como dos adolescentes nos olvidamos del mundo y creamos el nuestro particular, ese donde nada entra y nada sale, ese donde vos y yo podemos ser y sentir al unísono. El viento sopló de repente, nos envolvió con su frío, pero tu abrazo fue más fuerte y tu calor invadió mi cuerpo y nuestras miradas se cruzaron en muda comprensión, y sin dejar de mirarnos nos levantamos lentamente y con los brazos entrelazados la urgencia nos ganó y corrimos hacia el refugio de ese árbol añoso y gigantesco entre cuyas raíces enredadas y olorosas hicimos el amor. Y ya no hubo viento, ni río, ni frío… sólo tu amor y el mío, sólo dos cuerpos unidos en profunda comunión entre si y con el universo, los ojos siempre abiertos devorándonos con la mirada para que ni un detalle de la pasión que cada uno forjaba en el otro se nos escapara, y después del amor reímos como sólo los locos pueden hacerlo, porque sólo ellos en su mundo de realidades distorsionadas pueden permitirse semejante felicidad! Y fuimos felices, increíblemente felices!!!
Y nuevamente en la soledad de mi enorme cama comprendo, que una vez más, soy yo: la que sueño… |