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07-mar-2007, 16:02
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Kompadre


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(proviene del post anterior)
Lo importante es competir
Como Antonio era el encargado de las relaciones sociales con el barrio (ya vimos que su mujer no se daba con nadie), cuando vinieron a vivir los vecinos “de al lado” él fue el primero en ofrecer su ayuda “para cualquier cosita que necesiten” . De paso se metió en la casa y estuvo toda la mañana hablándole a la joven parejita de lo aplastada que era la gente por allí, que si no era por él la cuadra no progresaba, de su auto último modelo, sus propiedades, sus pájaros importados y su cachorro de ovejero alemán que él mismo adiestraba con un palo de béisbol.

Con la excusa de prestarle algunas herramientas lo llevó al muchacho a conocer su casa y a mostrarle sus últimas adquisiciones. Terminaron de acomodar los muebles bajo la experta dirección de Antonio, que supervisaba todos los movimientos. El vecino le ofreció un cigarrillo y él le dijo: “No fumo. Pero no te vas a creer que soy maricón ¿eh?; yo tengo el vicio de las minas, pero me resulta caro porque mi mujer me marca de cerca.”

En ese momento Antonio dejó escapar una ventosidad que hizo temblar las paredes y ante la mirada sorprendida de la parejita, él se disculpó sobrador: “Discúlpenme che, pero yo prefiero perder un amigo y no una tripa.”

Al día siguiente lo vio al vecino solo trabajando afuera y volvió a la carga: “Ya vas a ver lo que son las minas por acá” –decía con un guiño cómplice mientras el otro arreglaba la cerca- Son todas unas putas no sabés como se comen la banana.” Y cada tanto matizaba su informe con algún “pero no, varón, eso así no se hace; tenés que ponerle un tornillo más grueso. ¿Cómo no te das cuenta que así se va a salir?” . La mujer del vecino salió cebando mate y cuando le ofreció uno a él lo rehusó: “Yo mate no tomo me hace mal a la úlcera.” Más tarde lo quisieron convidar con un vino y también se negó. Entonces la vecina preguntó sonriendo: “Pero cómo, ¿ni mate ni vino?” A lo que Antonio respondió canchero: “¡Huy, a ver si ésta se piensa que soy maricón! No te preocupes que ya me vas a conocer.” Al sentir la mirada gélida del marido agregó: “Ya vas a escuchar las cosas que se dicen de mí” . En ese preciso instante lo salvó Liliana, que desde la casa le gritó que estaba la comida. “¿Ven cómo me marca de cerca? – dijo Antonio con una sonrisa idiota-. Mejor me voy porque sino la voy a tener que cagar a palos y no vale la pena” .

Nunca supo por qué, a partir de ese día los nuevos vecinos comenzaron a esquivarlo.

En la bajada
Hace unos días lo encontramos por la calle. Los chicos ya están grandes y él medio gordito, pero no se da por vencido; sigue haciendo pinta con lo que puede y contando las fantásticas aventuras que lo tienen como único protagonista.

Cuando mi marido le dijo algo acerca de lo crecido que estaba el hijo, Antonio contestó: “Sí, ya está para debutar. En mi época se usaban los prostíbulos, pero ahora con este asunto de las casas de masajes a mí no me convencen. Me parece que mejor, este verano me lo llevo a Brasil, que las negras de ahí son unas potras que no pueden ser y me lo van a hacer macho como se debe. De paso, en una de esas me mando una canita al aire yo también.

Estaba preparando otro supermacho; y yo me pregunto qué pasaría con el pobre pibe si saliera para otro lado.

Como podemos ver, los hombres tienen lo suyo en materia de ejemplares nefastos. Y si bien ellos no se avergüenzan demasiado por tener a este tipo de representantes en su gremio, yo no voy a caer en la remanida frasecita “son todos iguales” . Afortunadamente, no lo son. Las mujeres estaríamos fritas; al menos en lo que a mí respecta, porque para mi gusto estos supermachos son mucho macho y poco hombre.

por Nora Brazzola
Sex Humor
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